lunes, 20 de febrero de 2012

Siempre me han gustado las manualidades.
Debe de ser la genética porque en casa las mujeres somos muy mañosas.
No digo nada del sexo masculino que ellos son la parte intelectual  (es lo que hay, no saben ni poner un clavo pero listos son un rato).
Y después de mucho tiempo sin dedicarme a nada en concreto, un día me lancé a la piscina.
Porque yo aprendo sobre la marcha. Eso de dar cursos está muy bien, pero como empecé un verano, simplemente compré todo lo que se suponía de necesitaba. Y no, no empecé con lo más fácil, yo empecé con un baúl. Porque como siempre dicen grande ande o no ande,... un baúl, el más grande.
Dos días recortando papel, el más fino que uno pueda imaginar.
Pero el resultado mereció la pena, por lo menos me resultó relajante y muy satisfactorio.

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